Ayer jueves, se nos hizo tarde para hacer música en el hospital, eran las 17:03h y aún los instrumentos no estaban limpios.

Esta semana Juan no quiso hacer música, acababa de merendar y prefería descansar.

Diego sí quiso. Su madre lo arropa en sus brazos mientras él mueve su manita izquierda al ritmo de la música, la mira y ella, orgullosa, le sonríe.

Ángel y sus papis nos regalaron la inmensa fortuna de estar diez minutos en la habitación con ellos.

– ¿Qué instrumento prefiere tocar nuestro Ángel?

Por un instante compartimos música, alegría y la belleza de sus ojos.

Elena ya ha salido de cámara.

– ¿Cantamos la canción que cantábamos antes?

– ¡¡¡Cantaremos la canción que tú desees!!! ¡Tú diriges esta orquesta!

Jose está corriendo por los pasillos de la planta. Al ver la bolsa con los instrumentos se detiene, coge uno, lo tira al suelo y lo persigue. Un médico y una enfermera al pasar le entregan una simple sonrisa y una mirada de complicidad. Jose da la vuelta a la planta y se vuelve a detener, ha visto su instrumento preferido, el xilófono, lo coge y empieza a tocar, crea una melodía, su melodía, comienza a bailar y nos hace bailar a todos. Otro jueves más nos permitís estar a vuestro lado. Gracias.

¡Gracias papás! ¡Gracias peques! Por abrirnos las puertas de vuestras habitaciones, pero sobretodo de vuestro corazón y dejarnos compartir con vosotros momentos tan bellos, ¡Gracias!

Ayer sábado, en la Escuela de música, Lucía llegó la primera y no paraba de trastear todos los instrumentos. A Natalia se le olvidó la libreta donde tiene apuntadas todas las canciones. Patri mira a la pizarra y pregunta, ¿es un fa o un la? A Rubén le falla el cable del bajo y David aún está afinando su guitarra. Edu da un palillazo a su batería y nos deja medio sordos a todos. Quique siente molestias en la boca, pero dice que, aun así, puede tocar. Alicia, al llegar, entrega abrazos y se sienta dispuesta a cantar. Eva ha terminado temprano su partido de balonmano y nos puede acompañar. Ruth manda un mensaje desde Pamplona diciendo que tiene muchas ganas de volver a vernos en sus vacaciones.

Ayer sábado hacía frío, ayer sábado llovió, ayer sábado hacía calor, ayer sábado estaba nublado. Ayer sábado, desde hace ya cuatro años, tuvimos el inmenso regalo de poder estar con nuestros papis. Cuando ellos llegaron, ya no hacía frío, no llovía, no hacía calor, no estaba nublado. En sus mochilas, como siempre, llevaban un abrazo, un beso, una sonrisa, una emoción, una complicidad, un compartir sentimientos, una palabra de caricia, fortaleza ¡y mucho amor! Con todo ello, a un pajarillo que estaba extraviado lograron salvar.

¡Gracias por ser como sois! ¡Gracias por ser inaccesibles al desaliento!

En lo efímero habita lo eterno, en esos pequeños momentos mágicos que se tatúan en el corazón con tinta verde y roja y nunca se pueden olvidar. Gracias por hacer cada momento a vuestro lado un momento eterno.

Cada acorde será vuestro reflejo, cada arpegio hablará de vosotros, y cada melodía será vuestra voz, la de vuestros hijos y la de vuestros seres queridos.

Gracias de parte de mis compañeros de la Escuela de Música Fundación Andrés Olivares y mía, por ser el camino que debemos seguir.

Y cómo dice la canción que paso a paso, huella a huella, y día a día volvéis a escribir:

“Tú y yo tenemos una sola promesa. Cuando veo tus ojos me guía la luz. He reunido las fuerzas y las ganas de verte, dibujando sonrisas con tu magia y amor”

¡Gracias papis, gracias peques!

¡Gracias por ser la música del alma, la música de la magia y la música del corazón!

¡¡¡GRACIAS!!!

 

Javier Torres, voluntario y director de la Escuela de música Fundación Andrés Olivares

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