«Solos y su única compañía, una ventana, quizás…»
Esa ventana y esas cuatro paredes, unidas por un techo, esconden una VIDA que apaga una verdad profunda y desnuda.
A veces la soledad de nuestros mayores ya sea en una residencia, en el Hospital Valle del Guadalhorce, o en su casa. Aquella que albergó a sus hijos, esposos, hermanos… , que ya no le visitan y no es evidente para una sociedad dormida, porque no grita no pide auxilio, no se queja simplemente está.
Y es entonces cuando los voluntarios de la Fundación Olivares, golpean tímidamente su puerta y le preguntan: si pueden pasar para cogerle de la mano y sentir junto a ellos el silencio que albergan sus días, día tras día, mirando a través del cristal.
Esa ventana que hoy le separa del mundo que ya no le pertenece del todo y que ya no le reconoce. Un mundo ciego y sordo…
Por esa ventana no ve pasar a la gente a lo lejos, con suerte, ve a los coches pasar dando a su vida movimiento o algún pájaro que se posa junto al cristal.
No escucha voces que le llamen, observa la vida que sigue pero ya sin él. Esa ventana por la que penetra la luz ahora, su refugio y a veces cárcel.
Acompañar cada martes a nuestros mayores, prestando un servicio de voluntariado es mirar su y tu vida por una ventana y ayudarles a mirar dentro de sí donde se albergan sus historias, momentos o las emociones en la memoria.., es ayudarlos a fugarse por instantes de allí.
Acompañarles cada martes, es recordarles que aún, su vida tiene sentido al menos para nosotros, es lograr por instantes que sientan que aún, hay alguien que no pasa de largo por su vida consumida, alguien que no les olvida y AGRADECE su presencia, entrega, su AMOR.
A veces solo necesitan eso, alguien que esté junto a ellos sosteniendo el peso de esa soledad impuesta.
Quizás no hablemos hoy, no hagamos nada, tan solo ser un solo corazón junto a ellos y compartir ese silencio que guarda tantos secretos, para lograr que SOLO POR HOY, su compañía no sea una ventana.
Gracias por dejarnos pasar.
Voluntarios de Alma en el Valle.

